CICATRIZAR HERIDAS FAMILIARES: SOBRE EL “EL SER QUERIDO” DE RODRIGO SOROGOYEN
José Luis Barrera Calahorro
Quizá sea la película de Rodrigo Sorogoyen, “El ser querido”, la película más interesante que en estos momentos se exhibe en nuestras salas de cine. El trayecto de este director madrileño no puede ser mejor: es el autor de “As Bestas”, ”El reino”, la serie de televisión “Antidisturbios”. En esta película se nos cuenta la historia de un director de cine, famoso por el exitoso resultado de sus películas y también por lo exigente hasta la crueldad con sus actores y resto del equipo cinematográfico. Quiere volver a entablar una relación con su hija a la que abandonó hace más de 20 años; para ello le ofrece el papel protagonista femenino y así levantar su alicaída carrera de actriz. El duro rodaje les obligará compartir experiencias y verdades de su vida pasada que volverán s reabrir viejas heridas. ¿Lograrán superarlas?.
Se agradece aquí este tipo de cine, que quiere plantear, realidades y experiencias personales profundas, lejos de las situaciones descerebradas de muchas películas españolas, que ahora se hacen. La relación paternofilial se nos muestra aún cuando sea negativa con toda su verdad y crudeza, sabiendo exponer a través del diálogo y de la puesta en escena, situaciones de tensión y violencia entre padre e hija y descubriéndonos también la dificultad que en estas relaciones, la erosión del tiempo, los prejuicios y las situaciones prepotentes machistas provocan el desbloqueo de situaciones tan penosas que se han creado. Padre e hija ha cogido caminos divergentes que los han separado el uno del otro; desandar estos caminos hasta volver a encontrarse es algo muy difícil. Es lo que se nos llega a decir en la primera secuencia de la película que dura casi 20 minutos donde un diálogo entre padre e hija en la mesa de un restaurante nos adelanta en cierto modo el relato que la película después va a seguir.
Precisamente esta primera secuencia larga seduce al espectador por su estupenda realización, donde combinando primerísimos planos y un diálogo que acelera la tensión emocional de los personajes Sorogoyen logra meter al espectador en un relato que parece la travesía de un desierto, como se deja entrever precisamente con el título de la película -“Desierto”que van a rodar juntos-y que se realizó en Fuerteventura simulando el paisaje de Marruecos .
El género del filme es el drama pero al vez pertenece a esa especie de subgénero llamado de “ cine dentro del “ cine porque nos va informando de cómo se va realizando un filme que tiene que saltar muchos impedimentos, lo mismo que les pasa a los actores como personas. Los problemas técnicos que surgen sugieren metafóricamente los otros que viven en el interior de los actores.
Casualmente “El ser querido “ es un filme que tiene ciertas similitudes con la oscarizada película noruega “Valor sentimental“, de Joachim Trier, aunque la película española se comenzó a realizar antes que ésta, por tanto no hay ninguna sospecha de plagio. También hay aquí un director muy aclamado de cine, que quiere entablar la relación rota desde hace muchos años con su hija dándole, el papel principal de la película que va a dirigir. Es un filme que recomiendo vivamente, puesto que plantea y resuelve el problema del encuentro y la reanudación de relaciones familiares de distinta manera, pero también con una gran fuerza y carga humanista.
Toda esta acertada tensión que la película transpira se hace posible gracias a la interpretación de Javier Barden, en el papel del director de cine, con una interpretación que convence totalmente si se mira esta sin prejuicios y también la de Victoria Luengo, una actriz emergente que da, de si todo lo que sabe de su dotes de interpretación. La tristeza que provoca la soledad humana, el sentimiento de culpabilidad, la toxicidad que provoca el exceso ego humano, la necesidad de afecto y de la familia, la búsqueda del perdón son los valores que se subrayan en esta película y que el autor de “El ser querido” sabe comunicar a través de un tensa puesta en escena y unos diálogos nada banales que se deben en parte a la gran guionista Isabel Peña.
Es muy significativa la secuencia del rodaje en la película de una comida, donde van apareciendo poco a poco las situaciones de crueldad y tensión que provoca la toxicidad del carácter del director de la película, así como la aturdida respuesta de los actores que representan la escena. Una secuencia final donde se nos muestra al director de cine y a su hija la actriz andando a través del desierto, metaforizan el sentido de toda la película. Ahí vemos como los actores dan de sí una actitud de verdad, y no de pura interpretación. Son personas de carne y hueso que en sus propias carnes, que precisamente sufren las consecuencias de la relación con otras personas que intentan dominarlas.
Subrayamos en la película de Sorogoyen la presencia del actor Javier Bardem, donde abandona ese papel característico suyo, de hombre duro y de mirada cruel, interpretando a un director de cine, frágil y roto en su interior por el distanciamiento con su hija: se nos muestra como un personaje, a pesar de sus brotes, de egolatría, lleno de fragilidad y cargado del sentimiento de culpabilidad. Aunque a muchos lectores Javier Barden, es para ellos un cierto impedimento por la notoriedad de sus posturas ante sociales y políticas, los prejuicios no pueden quitar valor a lo que es una gran interpretación artística. Responde a ese criterio que el mismo director de la película declara: “a los actores les pido muchas cosas, pero, sobre todo, verdad y compromiso y que sean bellas personas. No soporto trabajar con imbéciles”
Hay que destacar también la gran sinceridad de sus actores que respiran la realidad más concreta y que se introduce en nuestras vidas, puesto que son capaces de repetir las mismas emociones y sufrimientos que tenemos los espectadores cuando vivimos situaciones de sufrimiento y dolor. Jose Luis Barrera Calahorro




