Josep Mª. Jordán: El Mundo de Alfons Cervera

LLETRES D’HORABAIXA

 

EL MUNDO DE ALFONS CERVERA

Josep Mª Jordán Galduf

 

Acaba de aparecer una nueva novela de Alfons Cervera: Claudio, mira. He reseñado otros muchos trabajos del autor, pero para mí este es su mejor libro. No es que haya cambiado su estilo, que sigue siendo conciso y nada ampuloso, muy expresivo y de bello lenguaje. Pero ahora he visto un Alfons aún más íntimo y tierno. Un escritor con mayor sensibilidad para penetrar en su mundo de Los Yesares (ese universo imaginario, inspirado en Gestalgar) y con más capacidad para hacernos partícipes de su magia en la narración del mismo. 

Hay aquí constantes guiños a las novelas de su espléndido ciclo de la memoria: El color del crepúsculo (1995), Maquis (1997), La noche inmóvil (1999), La sombra del cielo (2003) y Aquel invierno (2005). Y una potente conexión con dos novelas más recientes sobre el entorno familiar: Esas vidas (2009), escrita a raíz de la muerte de su madre, y Otro mundo (2016), dedicada a la memoria de su padre. En efecto, el nuevo libro pretende completar (provisionalmente) una especie de ciclo familiar ofreciéndonos un precioso y delicado diálogo con su hermano Claudio.

La foto de la portada del libro, de tono nostálgico, constituye una atractiva invitación a su lectura: ahí aparecen dos niños sobre un caballito de cartón, en una parada de las fiestas del pueblo a principios de los años cincuenta. Sus rostros bastante serios y el modo como van vestidos despiertan la curiosidad del lector. Son los dos hermanos, Alfons y Claudio. La foto resulta realmente interesante, como casi todas las portadas de los otros libros mencionados. Fotos muy evocativas con la presencia de sus padres, de otros familiares, de un grupo de músicos, de ciertos objetos de época o de un perfil de Gestalgar. 

El mundo de Alfons Cervera es el universo de La Serranía atravesada por el rio Turia que discurre a menudo entre estrechas gargantas. El de un pueblo como Gestalgar emplazado en la ladera de un monte bajo el castillo de origen musulmán denominado de Los Murones. Un caserío que se presenta escalonado, con sus viviendas adaptadas a las curvas de nivel, agrupadas en calles tortuosas y de trazado irregular. Hasta llegar a la planicie junto al rio, donde destaca la zona de baño conocida como El Motor situada en un área recreativa frente al molino viejo. 

La casa familiar de Alfons y Claudio, de origen decimonónico, se halla en la calle Larga, y ahí viven haciéndose compañía los dos hermanos, entre conversaciones y silencios, con el ruido de fondo del canto de los pájaros. Pero los sitios solo tienen sentido por las gentes que los habitan. Los Yesares tiene lugares muy emblemáticos que vibran de vida por todos aquellos que han pasado por allí. Está el Cine Musical, donde Alfons y Claudio disfrutaron con películas de Drácula y de vampiros. Está la vieja Escuela, en la que un buen maestro medio sordo les enseñaba con una Enciclopedia de tapas duras. Está la imponente iglesia del siglo XVIII, donde un cura autoritario les enseñó tan mal el catecismo. Y estaba también la carpintería de Pertusa, la barbería de Julio, el horno de Rafael, aunque nada de eso existe ya.

Alfons escribe para seguir los rastros de gentes y cosas que el tiempo dejó atrás, y para descubrirse a sí mismo en medio de aquel universo singular. Jugaba con su hermano Claudio cuando eran niños, y los dos ayudaban a su padre en el horno familiar. Hundían los pies en el río durante el verano, y se estremecían de miedo con las leyendas que circulaban entonces sobre la Cueva de los Diablos. El abuelo les contaba otras muchas historias y les llevaba a las eras cuando se trillaba el trigo con la mula, hasta que llegó la máquina trilladora. 

La casa de Alfons y Claudio es un verdadero museo familiar. Los muebles y objetos antiguos, las fotografías en blanco y negro guardadas por su madre en cajas de zapatos, el viejo reloj y los calendarios de años pasados colgados en las paredes. La vida transcurre en una convivencia que contiene ciertos miedos y fantasmas, pero también muchas bromas y cariño. 

“Todo lo que amamos acaba desapareciendo”, dice Alfons. Pero este libro, al igual que otros anteriores, constituyen un intento por parte del autor para rescatar los recuerdos del olvido y mantener viva la memoria. Y lo hace muy bien, transmitiéndonos con belleza su inmensa humanidad. 

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