Miguel Fernández: La Familia Simeó encarna la excelencia de la “Ciutat de la Música”

 

Miguel Fernández, és un estudiant de periodismes que va realitzar este exercici per classe. Un article sobre una família de Llíria molt musical, que ara compartim amb tots els lectors de La Veu de Llíria. Este és el seu article:

La banda sonora de Llíria

La familia Simeó encarna la excelencia de la ´Ciutat de la Música´

 

Llíria. 17:00h. No se aprecia prácticamente ni un alma por la calle, pero en la soledad del territorio urbano un niño transita hasta llegar a una casa situada en la calle Beateri. Presiona el timbre y, al otro lado del telefonillo, responde  Remedios Máñez. «¿Quién es?». El joven, con la inocencia que caracteriza a los más pequeños, le indica si puede bajar Simeó. A lo que ella, contrariada, le responde, «¿pero cuál de todos?». El chaval trata de disipar, con otra indicación que espera sea la definitiva, las dudas de la mujer que le acaba de responder. «El trompetista», espeta. La incertidumbre de Remedios no se esfuma y, finalmente, le dice, «mejor hacemos una cosa. Tú me dices cuantos años tienes y yo aviso al que estás buscando».

 

Andrés, el más pequeño de los tres hermanos, relata esta historia que se mantiene en su recuerdo con el brillo en los ojos del que se enorgullece por haber hecho de la música el eje central de su vida. Y es que esta curiosa anécdota resume a la perfección a la familia Simeó. Hijos de Vicente y Remedios, Carlos, José Vicente y el propio Andrés, tres hermanos que comparten apellido y pasión, se han convertido en uno de los grandes símbolos de Llíria, la ´Ciutat de la Música´. Estirpe de músicos con unas aptitudes envidiables, la concatenación de generaciones musicales no se detiene con ellos. Y es que el hijo de José Vicente, Rubén, fue definido por uno de los mejores trompetistas de la historia, Maurice André, como “su digno sucesor” . Rubén Simeó inició muy temprano su andadura con la trompeta y, ya con 8 años, obtuvo grandes premios internacionales en Bélgica, Italia o Francia. Las voces más prestigiosas del gremio le auguraban un futuro esplendoroso, que el tiempo se ha encargado de confirmar. Aunque él mismo reconoce que sus inicios no fueron precisamente con el elegante instrumento de metal. «Empecé con el violonchelo, que era mucho menos ruidoso, pero al escuchar el estudio diario de mi padre hizo que no me apeteciese otra cosa que coger una trompeta», explica.

 

Pero no solamente él despertó su amor por la música gracias a una infancia plagada de obras clásicas y estudios de «técnica y flexibilidad». Andrés también reconoce que, tan solo un mes después de su nacimiento, al padre de Rubén le dieron la trompeta. «Me he criado con la música al lado y, por ello, estoy agradecido de poder dedicarme a ella tras tantos años», indica con la ilusión del que consigue emitir su primer sonido al ponerse la boquilla en los labios. Sin embargo los Simeó, que parecen poseer un ADN especial que les hace exhibir unas capacidades extraordinarias como intérpretes, no se limitan a hacer disfrutar al público mostrando sus habilidades encima de un escenario. Quieren transmitir su amor por la música y, por ello, hacen de la docencia uno de los pilares fundamentales de su trayectoria. «El principal objetivo es despertar la chispa en los niños. Que les guste y que toquen. Al fin y al cabo la trompeta es como un deporte y, si no lo practicas, nunca te gustará del todo», reflexiona Andrés, que durante tantos años ha desarrollado su labor como profesor en reputados conservatorios como el de la Vall d´Uixó (Castellón), Lorca (Murcia) o Gijón (Asturias) y que ahora tiene la suerte de impartir clases entre las paredes que le vieron crecer: el Conservatorio Profesional de Música de Valencia.

 

Los Simeó buscan transmitir su pasión por la música a través de la docencia 

 

El propio Rubén, a pesar de definirse como «concertista», también siente el ´gusanillo´ de la enseñanza y ya ha comenzado a realizar sus primeras actividades en este terreno en el Conservatorio de Plasencia y a través de diversas clases magistrales, que realiza de forma periódica en países como Alemania, Portugal, España, Japón, China o Estados Unidos. «Busco trasladar a mis alumnos la ilusión que tuve desde pequeño por la trompeta», afirma.

 

Dentro de la docencia musical, uno de los aspectos que más se trabajan es el miedo escénico. Cuando un joven se inicia en este ámbito, uno de sus principales temores es tener que situarse solo en un escenario, delante de un público. Rubén, sin embargo, nunca tuvo ese problema. «Desde pequeño mi padre me puso delante de gente para tocar, incluso en comidas familiares o aniversarios. Eso hace que ahora, cuando me sitúo delante de 2000 o 3000 personas, lo vea como algo tan habitual como comer o dormir». Y su tío Andrés, evocando a aquel concierto de las navidades de 2007 en el que Rubén puso en pie a todo el Auditorio Nacional de Madrid con 15 años, constata que su sobrino «se crece» en aquellas ocasiones en las que el compromiso es aún mayor. «Hay que saber diferenciar entre miedo escénico y responsabilidad, porque muchas veces ese temor surge cuando sientes que no has trabajado o no tienes el dominio suficiente. Y eso es lo que los profesores tenemos que intentar evitar», profundiza.

 

La familia Simeó es la máxima expresión de la fidelidad a sus raíces. Algunos de ellos, como Andrés, han vuelto a casa tras difundir su música por diferentes lugares de España. Otros, como Carlos, José Vicente o Rubén, siguen expandiendo la marca Llíria con orgullo. Como orgullo el que siente la ciudad por poder verlos pasear por las calles de la localidad con la misma humildad que aquellos niños que levantaban la trompeta con dificultad. «Tenemos la suerte de disfrutar con gente como ellos, que rozan la excelencia», explica el alcalde del municipio, Manolo Civera, para deshacerse posteriormente en elogios hacia Rubén, al que define como una persona con una inmensa capacidad para abrirse puertas, y de quien considera es uno de los principales embajadores de Llíria. «Lleva nuestro nombre por todo el mundo, y eso hace que estemos en deuda con él», matiza.

 

“Ruben Simeó lleva el nombre de Llíria por todo el mundo, y eso hace que estemos en deuda con él” 

 

El padre de los tres hermanos y saxofonista en su juventud, Vicente, tuvo que renunciar a su sueño para ayudar a su familia trabajando en el campo. Sin embargo, la vida le ha ofrecido la posibilidad de presenciar con satisfacción como sus hijos cumplieron por él su máxima ambición. Una emotiva historia de película, en la que los Simeó serían galardonados con el Óscar a la mejor banda sonora.

Miguel Fernández,

 

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