Teresa Jornet: Historia de una misión

LETRES D’HORABAIXA

 

TERESA JORNET: HISTORIA DE UNA MISIÓN

Josep Mª Jordán Galduf

José Antonio Peña (Llíria, 1946) ha publicado recientemente su sexto libro de contenido histórico. En este caso se trata de una biografía algo más próxima al presente que los trabajos anteriores. Es la biografía de Santa Teresa de Jesús Jornet Ibars, nacida en un pueblo de Lleida (Aitona) en 1843, y fallecida en Llíria en 1897 en el Hogar de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados (junto a la Iglesia del Remedio).

Teresa Jornet no fue la fundadora de esta Congregación, pero sí la primera Superiora General de la misma e impulsora de un gran número de sus hogares (entre otros el de Llíria, fundado en 1890). Un personaje realmente excepcional que atrajo el interés de José Antonio Peña por rastrear su vida hace ya bastante tiempo (su primer artículo al respecto data de 1991). Un interés que se fue convirtiendo en verdadera pasión conforme avanzó la redacción de esta biografía en los últimos años.

No es difícil entender el vínculo emocional establecido entre el autor y su personaje, al descubrir aquél de qué forma tan curiosa fue encontrando Teresa Jornet el sentido de su vida (su propia misión) y el modo en que lo supo canalizar. Entrega y generosidad son las dos palabras que el autor utiliza para resumir la vida de su personaje. Una vida relativamente breve (murió a los 54 años) y vivida además con gran espíritu de sacrificio (pues padeció una dolorosa enfermedad durante muchos años).  

Asimismo, hemos de considerar el período histórico en que le tocó vivir a Teresa Jornet: la segunda mitad del siglo XIX. Un tiempo y unas circunstancias sociales que agrandan el mérito de la labor realizada por la misma.

No olvidemos que el siglo XIX fue una etapa de grandes cambios, en general. Un antiguo régimen de carácter feudal trataba de resistir ante los avances de un nuevo orden liberal. La revolución industrial (en el ámbito de la economía) y las revoluciones burguesas (en el ámbito de la política) fueron transformando gradualmente el orden social en Europa. En nuestro país, ello se produjo con grandes altibajos (y con las guerras carlistas entre medio). Unos altibajos que no impidieron la aprobación de notables reformas jurídicas y el inicio de la industrialización en ciertas áreas, pero sí lastraron los progresos en materia educativa, sanitaria, económica y social, en comparación con otros países.

Ésta es la época que le tocó vivir a Teresa Jornet, tal como refleja fielmente José Antonio Peña en su biografía. Una época en que la propia Iglesia tuvo que redefinir su papel en la sociedad, desvinculándose de un viejo orden que atenazaba la vida de las gentes, para encontrar su lugar adecuado en la modernidad de un nuevo sistema que presentaba a su vez otros problemas y contradicciones sociales (las propias de un capitalismo incipiente). Y ahí es donde trató de encajar el pontificado del Papa León XIII con su conocida encíclica Rerum novarum (de alto contenido social).

Había, en efecto, una notable inquietud por las condiciones sociales de las personas en un sector importante de la Iglesia de la época (dada la amplitud que alcanzaban la pobreza, la miseria y el analfabetismo). Una inquietud que quería ir más allá de una estrecha visión de la caridad, tal como se entendía en el pasado, para conectarla mejor con la asistencia y la acción social más propia de la modernidad. Ahí se plasmaron algunas iniciativas interesantes. Entre otras, la que llevó a cabo el Venerable Saturnino López Novoa en 1872 con la fundación del Instituto de Hermanitas de los Pobres Desamparados (el cual pasó a denominarse en 1882 Instituto de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados).

Teresa Jornet se unió a ese proyecto prácticamente desde el principio. Hija de una familia de campesinos, pudo sin embargo estudiar magisterio en Lérida y Fraga. Realmente, es de gran interés todo cuanto analiza José Antonio Peña sobre el mundo de la educación (y sus cambios) en aquel período. Teresa ejerció como maestra en Argençola (Barcelona) en 1862, y posteriormente colaboró en la dirección de las escuelas de las Hermanas Terciarias Carmelitas (a instancias de un sacerdote tío abuelo suyo).

En 1868 sintió la llamada de una vocación religiosa que la llevó a ingresar como novicia en el Convento de las Clarisas de Briviesca (Burgos), pero tuvo que abandonar esa vía por razones de salud. La providencia quiso que en el verano de 1872 conociera al padre Saturnino López que le habló de su proyecto de creación de una congregación religiosa dedicada a la atención a los ancianos abandonados. Ello cambió el rumbo de su vida, pues sintió que ahí se encontraba su verdadera vocación, la misión que ella estaba llamada a realizar. En consecuencia, dio un paso adelante en esa dirección, que la llevaría muy pronto de novicia a ser la Directora General de la congregación, vaciándose en este cometido hasta morir en Llíria en el verano de 1897.

Unas décadas después vendrían su proclamación como Beata (abril de 1958), la declaración de su Santidad (enero de 1974) y su proclamación como Patrona de la Ancianidad (febrero de 1977). Todo lo cual lo narra José Antonio Peña, de una forma sumamente documentada, en esta espléndida biografía.

 

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