Ricardo Torres: Dos Hermanos

Hola Odracir,

Érase una vez dos hermanitos…

– Teta, ¡Cuéntame un cuento!, no me puedo dormir…

– Duerme. O nos reñirán a los dos. Hace mucho tiempo, cuando las piedras hablaban, existía un geniecillo travieso y burlón. Un día decidió ir al bosque, donde vivían las ninfas, para robarles los crótalos mágicos.

– ¿Qué podía hacer con ellos?

– Podía hacer florecer las plantas y que estas darán su fruto antes de tiempo.

– ¿Lo consiguió? –preguntaba mientras, ya, comenzaba a bostezar.

– Sí. Entro despacio en la gruta donde los guardaban y cuando los tuvo en su mano. Zas!. Salió volando convertido en cuervo y con los crótalos en sus garras. Voló y voló y fue a posarse en la rama más alta de un tejo. Pero, al volver a su forma natural, los crótalos se le cayeron.

– Y que ocurrió…

– Uno de ellos cayó en las aguas de un arroyo, y el otro en un camino cercano. Al caer sonaron y el Viento del Norte, que siempre tuvo fama de alcahuete, sopló. Entonces de las gotas de agua que salpicaron y de las motas del polvo que levantaron, apareció una nueva criatura.

-¿Qué era? Un dragón? Un ser horrible? Un erizo gigante?…preguntaba el niño casi más en el mundo de los sueños que en este.

– No. Era un niño. Un niño con la piel de bronce, los ojos azul aguamarina y el pelo negro como ala de cuervo. Al dar los primeros pasos, parecía que danzaba y al pronunciar su primera palabra “Rom”, su voz resonó en el eco como música en el viento…

En ese momento, la hermana poco mayor que su hermanito lo miró. Él ya estaba soñando con genios, cuervos mágicos, sonidos…y erizos gigantes.

Entonces la hermana susurró una última frase y dio un beso de buenas noches a su hermanito.

– Y así fue como nació el primer niño gitano…y así fue como la raza de los coribantes piso la Tierra.

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