Josep Mª. Jordán: La literatura y la vida

LLETRES D’HORABAIXA

LA LITERATURA Y LA VIDA

Josep Mª Jordán Galduf

 

Acabo de leer Niebla en Tánger, la novela de Cristina López Barrio que fue finalista del Premio Planeta el pasado año. He gozado de su lectura y he vivido la aventura de sus protagonistas. Esa es una de las bondades de la buena literatura: que te proyecta hacia otras realidades y te hace participar en sus historias como si fueses un actor más. De pronto, la mente se amplía hacia otros horizontes vitales.

En este texto literario hay una novela dentro de otra novela, de manera que se combinan dos historias del pasado y del presente en un ambiente de intriga y de misterio que te mantiene atento hasta el final. “Algo dentro de mí me dice que debo llegar hasta el final de esta historia. Han pasado más de sesenta años y la desaparición de Paul sigue siendo un misterio”. Eso dice uno de los protagonistas.

Y hay también unos escenarios geográficos que ensalzan la aventura vital de sus personajes y provocan el interés del lector por otros universos culturales. “Tánger es una especie de Camelot, un estado de ánimo… Venimos los perdidos, los que huimos de nuestro mundo real porque no sabemos qué hacer con él… Venimos a la ciudad que fue y ya nos es”. Eso señala otro de los protagonistas.

En efecto, ese viaje a Tánger es la ocasión que tienen sus dos actores principales para salir de su vida cuotidiana e indagar en las personas en que se han convertido a través de tiempo. Hay un misterio que resolver y existe también la oportunidad de reorientar sus vidas personales. Eso se cuece mientras desde la terraza de un café se divisa a España en el horizonte y revolotean las gaviotas en la playa.

Yo también estuve en Tánger en cierta ocasión, hace ahora veinte años, para participar en unas jornadas de estudio y debate sobre las relaciones norte-sur en el Mediterráneo. Dejé escritas mis impresiones de aquel viaje en unas páginas (147-154) del libro Cartes a Judes, editado por Saó en 2000. Releo las mismas y allí aparece igualmente el revolotear de las gaviotas en la bahía, el denso ambiente humano en las calles de la ciudad y los turbios negocios que se maquinan en las zonas más oscuras del puerto en torno al contrabando, el tráfico de drogas y la emigración clandestina.

Aquella ciudad de Tánger, que fue plaza o zona internacional antes de la independencia de Marruecos en 1956, quedó luego atrapada en las contradicciones de este país que se debate en el presente entre la rémora de un pasado cuasi feudal, en el que pretende anclarlo una minoría privilegiada e inmovilista, y la modernidad y el desarrollo hacia el que pretenden avanzar otros de sus dirigentes y la mayoría social. Es curioso que la novela de Cristina López Barrio, aparte de hacerme disfrutar en su lectura, me haya hecho recordar a la vez mi propio escrito sobre Tánger y el Rif. Cosas de la literatura y la vida.

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