Anónimos pero no secretos

Esta semana se ha celebrado la reunión abierta trimestral del grupo Alcohólicos Anónimos en Llíria. Más de 20 personas entre miembros y familiares se dieron cita en la antigua guardería de la Asunción, donde tienen su sede y se reúnen lunes, jueves y sábados, para intentar ayudar a otros enfermos que lo necesiten. Estuvimos allí con ellos y estas son algunas de sus historias.

Soy Adolfo y hoy no he bebido

“Siempre asocié el alcohol a las familias des-estructuradas, pero yo no tuve problemas en la infancia” dice un chico bien parecido con acento gallego al que llamamos Adolfo para mantener su condición de anónimo. Adolfo, como tantos otros jóvenes, empezó a beber cervezas en fiestas, “me venía bien porque era muy tímido y en las discos hablaba con las chicas y me hacía sentir  bien”.

En la reunión también hay un chico joven moreno, al que llamaremos Paco que ha venido acompañado por su mujer. Dice que también empezó por diversión. El alcohol le llevó a las drogas “pensaba que por mí mismo podría salir cuando quisiera”.

Pero la realidad es que con los años la situación de Paco, como la de Adolfo, se fue agravando.

A Adolfo tras diez años le tiraron del trabajo.” Mis compañeros ya no confiaban en mí, llegaba borracho y montaba bronca todo el rato”. Por su parte, Paco tuvo una hija que no  pudo hacer que cambiara de vida “cada día prometía que no más, pero cada noche las promesas se las llevaba el viento. Llevé mucho sufrimiento a mi casa, mi alcoholismo era yo” reconoce Paco mientras mira, arrepentido, a su mujer.

 Un día Adolfo decidió acudir a una de estas reuniones abiertas  de Alcohólicos Anónimos “Al principio pensé que AA era lo peor, lleno de gente deteriorada que vivía bajo un puente y que yo no era un enfermo. Cuando llegué vi gente normal, incluso sonriente. Vi gente feliz” recuerda. De eso hace ya unos años, aunque reconoce “que la recuperación no es siempre hacia arriba. Está llena de curvas, pero tengo esperanza” concluye Adolfo con una media sonrisa escondida tras su timidez.

En la sala, todos aplaudimos a Adolfo. Somos unas 20 personas sentadas alrededor de la gran mesa de la sinceridad. Está llena de botellas de agua, de sufrimiento, de valentía, de travesías por al infierno. De comprensión. De esperanza, y también de alegría y caramelos.

“En un mar de alcohol ahogamos nuestros sentimientos”

Toma la palabra el encargado del grupo de Llíria, al que llamaremos Rafa, lleva 19 años sin beber y es el moderador de la reunión.” El Alcohol es una enfermedad declarada por la OMS, progresiva y con desenlace fatal. Aquí en AA podemos pararla, pero nunca curarla. El único requisito para acudir es querer dejar de beber” dice mientras lee los enunciados de Alcohólicos Anónimos, donde mantenerse ebrio, y llevar el mensaje al que está sufriendo son los puntos importantes de AA.

Alcohólicos anónimos  nació en EEUU (Akron, Ohio) en 1935, creado por William Griffith Wilson, corredor de bolsa, y el doctor, Bob Smith: “eran dos alcohólicos que se cuentan su situación y vieron que eso les ayudaba. Es lo que hacemos aquí, hablar y apoyarnos” dice el moderador mientras va explicando la forma de funcionar de esta asociación sin ánimo de lucro, sin afiliaciones a religiones o partidos políticos, y a ningún otro organismo.

Los fundadores de AA crearon un programa de recuperación, de 12 pasos “se podría decir que es una mezcla de religión y psiquiatría, porque se dirige hacia el interior de la persona alcohólica para mejorar los defectos de carácter” explica el modedador a los asistentes. Y es que muchas veces nos bebemos las inseguridades, miedo o frustraciones, “en un mar de alcohol ahogamos nuestros sentimientos” dice Rafa mientras da paso a otra persona del grupo para que cuente su experiencia. Esta vez es el turno de las mujeres.

 

 

 

“He sufrido mucho en silencio. He pedido no despertarme”

“Yo pensaba: yo no soy  como estas personas, soy ama de casa, incluso catequista, yo ni salgo de bares, ni me ha gustado nunca el alcohol” empieza a contar una mujer de mediana edad, madre de familia y con  una voz de suavidad exquisita, a la que llamaremos Reme.

Cuando Reme llegó a los 40 años, la vida le dio un duro golpe “la enfermedad de mi madre, mis hijos, me sentía muy sola y recurrí al alcohol. Todas las mañanas juraba que nunca más bebería y tiraba las botellas. Era un infierno, noches sin dormir, la familia se enteró” recuerda Reme, que ahora celebra su aniversario, el primer año sin beber.

Por eso ha sido invitada a hablar en esta reunión para que cuente su experiencia al grupo, por si puede ayudar a otras personas, sobre todo, mujeres que sufren la enfermedad en silencio. “He sufrido en silencio, he hecho sufrir mucho y he llorado mucho, ¿Cuantas veces les he pedido a Dios ayuda? Todos tenemos problema, pero lo importante es la forma de enfrentarlos. Un día me levante y dije ya no más. Aun tuve que recaer dos veces más. Pero he tomado las riendas y ha valido la pena” reconoce Reme mientras junta sus manos agradecida.

A la reunión también han sido invitados los curas de San Francisco y de la Asunción, que han quedado como el resto del grupo, conmovidos con esta ama de casa, sensible y tierna, llena de una fortaleza que recién empieza a descubrir.

No es la única mujer en el grupo, como ella, una mujer delgada y pizpireta a la que llamaremos Lucia, también bebía sola en casa cada vez que dejaba a su hija en el cole. “Han sido muchos años, dos intentos de suicidio, bebía para ver si reventaba, No me dejes despertarme mañana -pedía. Quería tanto a mi hija y a mi marido y los hice sufrir tanto” se lamenta Lucia. Recuerda cómo llegó a AA “asustada, sin creer en mí. El respeto que yo me había faltado, me lo dio este grupo. La gente me entendía. Ahora llevo 8 años sin beber y solo puedo decir:

Tengo mucho daño dentro

Y cosas que no me perdono.

No quiero olvidar,

Porque no las quiero volver a hacer.

Soy responsable pero no culpable.

No importan los litros, a veces es la primera copa.

Ahora sí sé que tengo un ser superior, que me ha cuidado mucho,

más de lo que en aquellos momentos pensaba.

Yo tengo ahora esa fuerza en mi,

La siento

Y agradezco de corazón”.

 

Esta reunión trimestral de AA se acaba con lágrimas, sonrisas, abrazos y agradecimientos. Como ellos dicen, son anónimos pero no secretos. Así que si necesitas contactar con ellos, cada lunes de 20 a 21.30 horas, jueves de 8 a 9.30 y los sábados de 18.30 a 20 horas en la antigua guardería, en la cuesta de La sangre, se reúne el grupo de AA de Llíria.

  La dirección es: calle de la Sant número 7 bajo de Llíria. Teléfono 963917160

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