Llíria: una proeza con sabor a ACB

(Miguel Fernández Aparici) El curso de la vida es impredecible. Nunca sabes en que lugar puede residir tu gloria y, menos aún, cuando te sorprenderá la suerte con gestas insospechadas. Eso mismo deberían pensar en Llíria, localidad perteneciente a la comarca del Camp del Turia y que, allá por la década de los 90, logró codearse con los más grandes en la máxima categoría del baloncesto español, la ACB. No obstante, esta consecución no fue un proceso extremadamente sencillo, por lo que hoy vamos a ejercer una mirada retrospectiva para analizar el camino que llevó al conjunto edetano a pasearse por las mejores canchas de España.

¿Cuándo y cómo surge el baloncesto en Llíria?

Fue entre finales del 1944 y principios del 1945 cuando surgió la idea de implantar un equipo de baloncesto en Llíria, motivada por el designio de un célebre personaje en la localidad como es José María Jordán, que descubrió el deporte durante su servicio militar en Madrid y consideró que sería muy interesante y beneficioso para el pueblo el desarrollo de un equipo. Cabe destacar que la intención inicial era la de participar en competiciones de corte informal, por lo que se habilitaron los terrenos de La Cultural para la construcción de la primera pista de baloncesto, pero la firme convicción de sus precursores y el creciente arraigo del deporte en el pueblo les llevó a competir tan sólo dos años después en una competición oficial.

Sus inicios: Tercera División

La Tercera División aguardaba y ciertos jugadores como Miguel Palacios, que mejoró sus cualidades durante su servicio militar en Cartagena, ayudaban a aumentar las capacidades del equipo y, a su vez, incentivar la pasión del pueblo por el baloncesto, acrecentada por la gran intensidad que se exhibía en cada encuentro.

Sin embargo, fue a finales de los años 50 cuando se produjo un hecho que consolidó, de manera definitiva, esa conjunción entre equipo y afición. En 1958 ´aterrizó´ en Llíria la 6ª Flota Americana, engalanada con unos físicos imponentes, una ropa deportiva de primera magnitud y una modernidad competitiva que, sin embargo, fueron minorizadas por una exhibición de pundonor de un conjunto edetano conformado por ilustres como Villarejo, Enrique Orts o Melín. Una prueba que a priori fue considerada como una fehaciente medición de las capacidades del equipo sirvió para consolidar, aún más si cabe, al baloncesto como el deporte ´rey´ en Llíria.

Esto generó la creación definitiva del Club Bàsquet Llíria, desprendiéndose de cualquier intervención política en el contexto deportivo y logrando, definitivamente, la progresiva evolución de la entidad. En la temporada 1971-1972, tras mantenerse 5 temporadas en la Tercera División, confirmó su ascenso en Almería y logró, al fin, empezar a competir a nivel nacional en Segunda División. Esto supuso un impulso de dimensiones mayúsculas para la entidad, que se permitió la incorporación del primer jugador extranjero de toda su historia, el norteamericano David Warren.

Un vertiginoso crecimiento y el nuevo fortín del Plà de l´Arc

Liderando un proyecto que logró convertirse en un referente durante los años 80 emergió la figura de uno de los mayores mitos de la historia del club, Isma Cantó. Un entrenador de esos que generan empatía y hacen afición, que logró exhibir un baloncesto que cohesionaba la técnica individual con el sacrificio colectivo y que, con nombres como Àngel Rodilla o Lluís Andés, logró evolucionar al baloncesto edetano. El equipo atravesó por unos años 70 turbulentos y que transcurrieron a caballo entre la Segunda División y la Primera División B, para lograr, definitivamente, asentarse en la Primera División B en la temporada 1983-1984. Este hecho propinó el empujón definitivo a la entidad para acordar la creación del Plà de L´Arc, esa nueva pista que requería un equipo con un crecimiento tan vertiginoso como el CB Llíria y que provocó la llegada de nuevos y mejores patrocinadores.

Los finales de los 80 fueron un preludio de lo que iba a deparar el inicio de la nueva década, con una pareja formada por los americanos Dan Palombizio y Vernon Smith, que encandilaron a la afición durante la temporada 1986-1987, pero el descenso en la siguiente temporada y la posterior marcha de Isma Cantó transportaron a Andreu Casadevall, actual entrenador del Tecnyconta Zaragoza, al banquillo edetano para terminar logrando la mayor hazaña de toda la historia del CB Llíria: el ascenso a la liga ACB.

ACB: un paso por el Olimpo para descender al Hades

25 de mayo de 1991. Fecha grabada a fuego en las interioridades del Plà de l’Arc, el Choleck Llíria por aquel entonces iba a codearse con los más grandes del baloncesto nacional. No obstante, inmersos en esa euforia desmedida que significaba ver al equipo de tu propio pueblo en el Olimpo competitivo, cabe destacar que no todo fueron rosas como se pudo vislumbrar ese mismo verano. Se experimentaron numerosas dificultades por las imposiciones de la ACB, que exigió la remodelación del pabellón edetano que pasó de disfrutar de una capacidad cercana a las 1800 localidades a situarse en cifras cercanas a los 6000 pero que impidió, sin embargo, iniciar el curso liguero en Llíria, pasando a disputar los primeros partidos locales en la Font de San Lluís.

Nacho Rodilla Pabellon Pla de LArc de LLiria

Ese mismo año lograron mantenerse en la máxima categoría gracias a la victoria sobre el Gran Canaria por 3-2 en las eliminatorias para lograr la permanencia y, en gran parte, por la aparición de un base llamado Nacho Rodilla, que disfruta al ver su camiseta colgada en lo más alto del pabellón Plà de l`Arc y que acabaría convirtiéndose, más tarde, en uno de los mejores jugadores de la historia en la Comunidad Valenciana. No obstante, las dificultades económicas de la entidad y las crecientes imposiciones de la ACB empezaban a relatar la crónica de una muerte anunciada, que se consumó la siguiente temporada tras la derrota en las rondas eliminatorias frente al Cáceres CB en el pabelló Plà de l´Arc. Ese mismo día Llíria lloró de impotencia, al ver lo efímero que había sido un sueño que tanto sudor y esfuerzo había costado para conseguir.

Ferrys Llíria: un modelo independiente de cantera

Actualmente en Llíria se realiza un enorme hincapié en la faceta formativa de los más jóvenes dentro del mundo del baloncesto. Es más, hasta la categoría Cadete los chavales experimentan una formación deportiva y personal respaldada por el ayuntamiento y que trata de impregnar a los más pequeños de esos valores tan necesarios alejados de la competición. Por otro lado, cuando llegan a la edad necesaria para formar parte de esta categoría pasan a formar parte del Club Esportiu Bàsquet Llíria, pero recalcando siempre que la finalidad actual es la de ofrecer una formación completa y acorde a las posibilidades de una entidad que asombró y encandiló a propios y extraños con una lección de esfuerzo, trabajo, humildad y, por encima de todo, BA-LON-CES-TO.

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