Manolo Vidagany: Tchaikovsky, música y sentimientos

Según las diversas teorías de la música, esta, es el arte de combinar los sonidos con el tiempo. Para escribirla, hay que conocer los elementos imprescindibles como la melodía, armonía, ritmo y, por lo tanto, los signos, su duración, interpretarlos, formas, etc., etc., etc. No se preocupen que no voy por ahí, pero si es mi intención entenderla como un ARTE, y que, como tal, si uno tiene la preparación necesaria y posee (¡Ayy…lo más difícil), ese duende especial….vamos, lo que se llama genio, y que solo tienen los más dotados por la varita mágica, debe transmitirnos emociones y sentimientos, capaces de alterar nuestras percepciones y adentrarnos en “mundos” que no lograríamos de otra manera.

Nuestro músico de hoy, Piotr Ilich Tchaikovsky (también Chaikovski), de una compleja y difícil personalidad, llena de contrastes e inseguridades, “ha sido” tocado por esa varita y, por ello, capaz de transmitirnos, por medio de su música, esas “emociones y sentimientos, capaces de alterar nuestras percepciones”, su lucha interna, sus miedos, y por medio de sus obras, hacerlos llegar a nosotros. Sus ballets, sus sinfonías, sus conciertos, etc., permanecen inalterables en cualquier teatro o auditorio para disfrute y recuerdo de este gran compositor.

Nacido en 1840 en Votkinski, cerca de Perm (Rusia), en pleno auge del romanticismo europeo y nacimiento de los nacionalismos, (“buen ambiente” para los sentimientos) fue el segundo de seis hijos que tuvo su padre con su segunda esposa (viudo dos veces, se casó una tercera, según otra fuente). Ésta, aristócrata de origen francés, dio las primeras lecciones a Piotr. Su institutriz Fanny, una joven suiza, le inculcó una educación francesa, de ahí esa fusión de elementos rusos y franceses que destacarán en sus obras. Testimonios de quienes le conocieron (un primer retrato de su personalidad), le definen como “un niño presto al lloro, extremadamente sensible, reservado y tímido, solitario y con una gran capacidad para confabular” (Ruiz Silva).

En 1848, su familia se traslada a Moscú, donde cursa estudios de piano con Philipov, y en 1850, sus padres lo matriculan en la Escuela de Derecho de San Petersburgo, donde permaneció nueve años en casa de su tutor Modest Vakar. Esto, supuso la separación de su madre -a la que profesaba un gran cariño y adoraba-, y por lo tanto, una impresión emocional imborrable y, cuando su madre murió de cólera en 1854, viendo su agonía, su desconsolación llegó a extremos enfermizos. Otro trauma difícil de superar fue que, al enfermar de escarlatina, contagió ésta a su amigo -e hijo de su protector-, sintiéndose culpable de la posterior muerte de este. Culpabilidad, de la que al padre del amigo le costó gran trabajo disuadir. Este carácter depresivo y “su indudable complejo de Edipo” (Ruiz Silva), del cual no pudo librarse nunca, le impidió un acercamiento “normal” a las mujeres y un posible factor que le impulsó a la homosexualidad y comportamientos diversos ante las mujeres de su vida: su esposa y la Sra. Von Meck. Hubo una tercera mujer, la soprano belga Désirée Artot (fue su primer amor platónico), pero que parece ser no ejerció ninguna “influencia” en él. Estaba más atento a su arte que a sus encantos. De hecho, a los pocos meses, ella se casó con un barítono español y parece ser que, en las declaraciones que le hizo a su amigo Rubinstein, no mostró gran disgusto por ese matrimonio aunque el tono de su voz, pudiera manifestar un rasgo de fracaso o esperanza frustrada. El carácter de Tchaikovsky poseía muchos rasgos de lo que Wilhem Reich (psicoanalista austriaco, posterior a Tchaikovsky) cita como típicos (podemos incluirlo como un tardío segundo retrato de su personalidad) del hombre neurótico:sublimación de la libido, relaciones sexuales en las que aparecen la imagen de la madre o hermana, con la angustia consiguiente que eso produce en el incesto infantil, incapacidad de superar el complejo de Edipo, sentimientos de impotencia, deseos de triunfo social, desequilibrios, timidez y tendencia a la depresión.”

Envuelto en estas “circunstancias” tan influyentes en él, a los 19 años ingresa en el Ministerio de Justicia y, esa “pequeña seguridad” económica (su familia estaba en la ruina) le permitió viajar (una de sus “medicinas”) a Francia y Alemania y decidir que se convertiría solo en músico. Como la mayoría de compositores en sus inicios, tuvo que dedicarse a dar clases y acompañar al piano a cualquier intérprete para obtener pequeñas remuneraciones.

Matriculado en el Conservatorio de San Petersburgo, obtuvo una medalla en un premio de composición por la que Nicolás Rubinstein (hermano de Antón), le ofreció un puesto interino de Profesor de Armonía en el Conservatorio de Moscú. Esta relación con Rubinstein, le ofreció la oportunidad de abrir puertas… nada fáciles de abrir. Y, a partir de ahí, continuación de los viajes, sus primeras obras y estrenos de éxito y, como no, sus cambios de carácter y sus depresiones que le hacían mermar su producción e incluso, en los momentos difíciles, retirarse a casa de su hermana Alexandra, a la que le unía un gran cariño, para descansar y “cargar pilas”.

De todas maneras, entre altibajos de crisis nerviosas, su fama de compositor se acrecentó y entre 1869 y 1875, ya había escrito “Romeo y Julieta”, el “Cuarteto de cuerda nº 1”, su 2ª y 3ª Sinfonías y su gran “Concierto para piano nº 1”. Al mismo tiempo, la sociedad moscovita -aunque en voz baja-, empezó a criticar sus costumbres o “ciertas” costumbre escandalosas (su homosexualidad era conocida por todos).

En 1877, como una tabla de salvación ante la sociedad (eso pensó él, aunque después fue peor) apareció en su vida una admiradora, Antonina Miliukova, una joven enferma, mitómana, ninfómana, y que admiraba a todos los hombres que fueran famosos o ricos. Llegó a casarse con ella para salvar apariencias, aunque no a consumar el matrimonio. Durante unos meses (que es lo que tardó en separarse), todo eran excusas y compromisos por su parte para estar lo menos posible en casa. Su repugnancia y su inseguridad, casi le ponen al borde del suicidio. Después de la separación, los médicos le aconsejan viajar (esto le tranquilizaba en cierta manera, aunque siempre “era” ruso, quería volver a casa) para recuperarse. Antonina, años después, murió en un sanatorio mental.

Un poco antes de Antonina, apareció otra mujer en su vida (recomendada por Nicolás Rubinstein, que había organizado un concierto con música de Tchaikovsky): la señora Nadejda (o Nadieschda) Von Meck, una joven y acaudalada viuda que, impresionada por la música de nuestro personaje, decidió convertirse en su mecenas material y amiga “espiritual”. La amistad entre ellos, duró trece años, y en ese tiempo, Tchaikovsky, pudo dedicarse enteramente a componer, (su 4ª Sinfonía está dedicada a ella…”A mi mejor amiga”…) aunque la señora, impuso una condición: nunca deberían verse. Su relación fue puramente platónica, aunque el gobierno soviético, recopiló tres volúmenes con su correspondencia, en la que cada cual, volcaba sus sentimientos, penas y alabanzas hacia el otro. Para Tchaikovsky, era perfecto. Era su mejor relación con personas del sexo opuesto.

El por qué “no” de la señora Von Meck a relacionarse físicamente es una incógnita (era poco dada a la vida social pero gran amante de la música. Debussy también se benefició de su mecenazgo). Podría ser que los dos se encontraran mejor en esa posición “soñadora” (recordemos la condición de “no verse”), ya que ambos poseían personalidades muy difíciles. Su relación acabó en Diciembre de 1890, en la que ella, alegando problemas económicos (inexistentes), dejó su amistad. En realidad, parece ser (como suele suceder a menudo), que los “enterados” de la ayuda que Tchaikovsky recibía de esta, la “informaron” de las “debilidades” de su protegido. Esto afectó visiblemente a la Sra. Von Meck (después de la ruptura de él con Antonina, pudiera creer que estaba enamorada de ella) y le retiró su amistad, aunque secretamente, siempre estuvo atenta a las necesidades del músico hasta la muerte de este en 1893.

 Tchaikovsky, sufrió lo indecible tras esta decisión de ella, y pese a sus últimos éxitos, jamás pudo recuperarse de este abandono.

El 1 de Noviembre de 1893, no se encontraba muy bien y mientras almuerza, toma un vaso de agua sin hervir (había cólera en San Petersburgo) y se lo bebió. Él lo sabía. Cayó enfermo enseguida y poco después comentó:.. ”Seguramente, me voy a morir como mi madre”. Murió el 6 del mismo mes.

Bueno….a estas características a grandes rasgos, podemos añadir el comentario de su institutriz Fanny:… “su delicadeza era infinita, sufría por todo. Era un sensitivo. Teníamos miedo a reprocharle nada para no provocarle crisis nerviosas. Lo tratamos con extrema precaución, era un niño de porcelana” (G. Juramie).

Más adelante dicen…”es un niño mimado, acurrucado en un nido en su familia, vive en el temor. Todo está marcado por la ansiedad, los miedos le atenazan y la angustia, paraliza o exalta sus gestos y desequilibra sus actos” (G. Juramie).

Con estos datos de su infancia y juventud, ya podemos encontrar un explicación lógica de sus problemas psíquicos, sus depresiones y neuras, que perduraran en su vida y especialmente en la amorosa (las jóvenes que trataba, siempre le tuvieron como tímido e inseguro), primero con su esposa y la única ocasión de realizarse (al menos platónicamente) con la Sra. Von Meck.

Otra parte de su carácter, es lo que él mismo denominaba el Fatum (al mismo tiempo, el nombre de un poema sinfónico suyo de 1868):..”Una fuerza del destino que nos impide ser felices”…..”Debemos someternos y resignarnos a esa tristeza infinita”…”Nuestra vida es una sucesión de penosas realidades y sueños efímeros”…”Pero no hay salida, nos balanceamos en la superficie del océano hasta que nos sumerge en el abismo”.

En cuanto a su homosexualidad, las fuentes consultadas hacen referencia a esta condición, pero es curioso, por lo menos, que en ninguna de ellas, se mencione a ninguna persona o relación conocida que pueda aseverar esta. Es posible que en aquella época, a las personas que “mostraran” con las mujeres…….cierta inseguridad o timidez (sus amistades femeninas así lo definen), fuera “tachado” de esa manera. En algunos ambientes actuales, aún ocurre lo mismo.

Como él mismo dijo…Sin la música me volvería loco”… Es ahí donde se encuentra a gusto consigo mismo y, libre con su imaginación, puede expresar todos los sentimientos -sus soledades y sus grandezas- que existen en su interior.

Pocos músicos como Tchaikovsky, tuvieron la oportunidad en sus últimos años, de ser aclamado en todos los niveles, disfrutar de los aplausos y de una condición económica que le permitía escribir libremente, pero el Fatum por él descrito, también le acompañó hasta sus últimos momentos. Lo del agua contaminada que bebió (según fuentes), pudo ser premeditado.

 Sus obras, están llenas de su carácter, como algunas de las heroínas de sus óperas, en las que se refleja el recuerdo de su madre, o su “fatum” o destino en sus sinfonías 4ª, 5ª y 6ª.

En la Cuarta, el mismo compositor nos describe su principio:…”El destino, esa fuerza desconocida que nos aleja de la felicidad cuando nuestros deseos están a punto de cumplirse”…..o en la Quinta, en su primer movimiento…”Resignación total ante el destino, ante lo inescrutable de la providencia”….o en la Sexta, (también llamada “Patética”, nombre sugerido por su hermano Modesto), donde dice…”Es mi obra más amada, la más personal”…,como si reconociera a la muerte acechándolo. Se estrenó el 28 de Octubre, pocos días antes de su muerte.

De su música, no puedo ni debo añadir nada. Calificado por algunos críticos como un “melodista”, (pues vaya,…menudo melodista) pocos superarán a Tchaikovsky en la transmisión de esos sentimientos, con sus alegrías (que también mostraba en alguna ocasión) y sus miedos. Entre sus muchísimas obras, su obertura de “1812”, (con cañonazos incluidos), celebrando la derrota de Napoleón, su “Capricho Italiano”, de una larga estancia en Florencia, sus poemas sinfónicos “Romeo y Julieta” o “Francesca de Rimini”, sus Sinfonías, especialmente las tres últimas, sus Ballets (deliciosos a cual más,) su Concierto para violín, o el nº 1 para piano, quedan para siempre en cualquier auditorio o teatro que se precie de este gran compositor. Todas ellas, desde la primera a la última, contienen los elementos constitutivos de su carácter y gran creación, como dice Carlos Ruiz Silva en el estudio sobre el músico:…”supo expresar con genialidad, las tan diversas, contradictorias y emocionantes vivencias de la condición humana: de la extrovertida alegría a la sima de la desesperación, de la intimidad conmovedora a los acentos más pintorescos, de la delicadeza más exquisita a la abigarrada y potente sonoridad. Por ello, su música será inmortal”.

Ya para finalizar, y a los interesados, recomiendo la visión de la película “El Concierto”, (2009, dirigida por Radu Mihaileanu) una deliciosa trama, ambientada en la época de Leónidas Brezhnev, en la que el protagonista es un afamado director del Bolshoi (venido a menos por defender a los músicos judíos de la orquesta, y donde trabaja como limpiador) en la que por un error burocrático, tiene la oportunidad de volver a dirigir a sus antiguos compañeros en París (otra vez París). El concierto elegido es el Concierto para violín de nuestro músico, y la intérprete es…..bien, esto lo dejo para el incógnito de la peli.

Si después de ver la película, (dejando de lado las posibles críticas políticas o sensibleras de la ambientación, pero……nominada al premio a la mejor BSO de 2009 en los premios Cesar) a alguien no le han caído una par de lagrimones, o no se le han erizado los pelos, (la interpretación del concierto, especialmente), es que sus sentimientos musicales (y quizás algún otro) están bajos de nivel.

……. Quede claro mi admiración por este gran músico. Tchaikovsky es “casi” mi músico preferido. Igual nos acecha eso de la bipolaridad, aunque…..ya hay mucho de eso y creo que va en aumento.

   Gracias por aguantar.

Fuentes:

  • Ghislaine Juramie “Tchaikovsky”-Espasa-Calpe, 1974
  • Carlos Ruiz Silva en la obra “Los Grandes Compositores”, vol.4, Salvat, 1989
  • Juan Manén “Diccionario de celebridades musicales”-R. Sopena-1973

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here