Ricardo Torres: El Rostro humano

El rostro humano

Hola Odracir,

No me gustaría escribir estas líneas, pero no sería sincero conmigo mismo si no lo hiciera. Estoy aprendiendo que todo lo que realmente te cambia la visión de las cosas llega sin avisar, de repente y de improviso. Creemos que estamos preparados, seguros y cómodos, pero todo es una ilusión. El velo de la conmoción se rasga de parte a parte.

La imagen de un cuerpo descoyuntado, donde los miembros flácidos y hechos girones se encontraban expuestos a la vista de todos, sobre el pavimento. Marionetas a las cuales se les han cortado los hilos y que caen por su propio peso adquiriendo formas grotescas. Sin rastro de humanidad, sin sacralización en su instante final.  El mismo escalofrío que de niño sientes cuando te despiertas en la noche tras una pesadilla.

Las instituciones, asociaciones, y movimientos sociales se han hecho eco de lo ocurrido. La comunidad islámica se ha apresurado a aclarar los conceptos y preceptos de su doctrina y a condenar lo ocurrido. Pero, a pesar de todo, siento un desasosiego, un desazón: intranquilidad emocional,  ante el eterno peligro que el dolor se transforme en miedo, y el miedo transmute en odio. Círculo tramposo de falsa seguridad.

Robert Musil, autor austriaco, escribía al finalizar la I Guerra Mundial (la cual había sido sustentada ideológicamente por las diferentes naciones apelando a unos ideales ineludibles como europeos): “La Guerra puede resumirse en la siguiente fórmula: morir por tus ideales, porque no vale la pena vivir por ellos”. Ninguna ideología, religión o justificación kafkiana puede justificarse mediante la negación del rostro del otro. Hay que seguir mirando a los ojos a la persona que tenemos enfrente. La negación de la dignidad, la brutalización y desnaturalización del otro, son el principio del fin. Qué nadie se equivoque, también del nuestro.

Pero hubo otra imagen, otro acto menos premeditado. Un desconocido no pudo dejar solo a un niño en medio del caos. No pudo abandonar la esperanza de poder salvar una vida inocente. Tal vez, le puso el rostro de su propio hijo en ese momento, el rostro de todos los niños que se ven atrapados y perdidos: como en una pesadilla. Yo me quedo con este acto de humanidad, que es lo único que nunca nos podemos permitir perder.

1 Comentario

  1. Los terroristas no son representantes de ninguna comunidad, ni religiosa, ni laica, ni cultural, ni de ningún tipo; son representantes de ellos mismos, de su locura y sin sentido. La mente humana es muy potente pero a su vez voluble. Su uso final: impredecible.

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