Ricardo Torres: Ammyt

Ammyt

Hola Odracir,

Primera semana de agosto. La canícula del estío está en su pleno apogeo. La incandescencia de los días hace que todo el mundo busque paraísos cercanos donde poder tirar el ancla y salir a cubierta para ver la vida pasar. Pero, de repente sin previo aviso una llamada de teléfono me ha recordado que bajo la constelación de Perseo Ammyt sigue trabajando sin descanso. Ammyt, la devoradora de corazones en la mitología egipcia. Cuya morfología tripartita: león, hipopótamo y cocodrilo presagia el final de aquellos no puros de voz.

La pureza, la muerte, la vida encarnada en el ciclo eterno de las estaciones, forma parte consustancial en las culturas. La ritualización de los actos más pequeños y cotidianos nos dan una falsa impresión de certeza, de control ante lo desconocido. La muerte en cambio no deja de desajustar el ritmo de las cosas. La muerte no grita, susurra despacio y con voz firme el nombre de su victoria.

Tras este sofocante verano llegará el otoño y de igual modo una generación sucederá a la que la precedió. Los lamentos y sollozos se perderán en el viento, entre el olor penetrante de los eucaliptos y las madreselvas. Las llamas encendidas en días señalados alumbrarán un esquivo recuerdo, un lejano suspiro que se pierde ya –mientras te escribo- en las fauces silenciosas e inmisericordes de la noche ancestral de los tiempos.

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