Manolo Vidagany: Reflexiones para el estudio de jóvenes instrumentistas

  Siempre me ha gustado “explicar” las cosas amplia y detalladamente. Creo que cuanta más información tengamos, mejor; (otra cosa es el uso que hagamos de ella). Ya casi al final de mi etapa docente, la Editorial Ribera en Valencia, publicó (2002) un método de Tuba (mi  instrumento) para jóvenes de grado elemental que, hasta el momento (por los derechos de autor), da para hacerme un par de cervezas al año. Animado, preparé una guía de estudio para jóvenes instrumentistas, la cual no llegó a publicarse porque no era el momento  “apropiado” para ambos, autor y editorial. Durante mi estancia en el Conservatorio de Torrent me pidieron colaborar en su revista (Harmonia), y durante el curso 2003-2004, se publicó en dicha revista,  (números 5, 6 y 7), una reducción de la guía, que originalmente, incorporaba hasta repertorio de tuba, y que tras la reducción, (hecha por mí, claro) quedó tal como aparece en este artículo, (hoy hay  algún “pequeño retoque” en palabras o frases específicas  para este momento).

   Viene a cuento esto, porque entre mis objetivos del  principio en estas colaboraciones, mencioné  la posibilidad, entre otras cosas, de dar consejos o ayudas en el estudio a los chavales estudiantes de música. Como el trabajo está hecho, me “autolicencio” (no sé si será válido o no, pero se entiende) para concederme un pequeño “relax”, y aprovecho esta circunstancia para que me salga de balde este “esfuerzo” de publicar. Las neuronas ya van un poco lentas.

    El trabajo, ya tiene 14 años, pero tal como hoy, creo que aún puede ser de utilidad a muchos, da igual el instrumento que toquen, ya que su contenido, es muy poco “técnico” (solo el apartado de “Planteamiento y  desarrollo del estudio”  lo es un poco más) y sí más perseguidor de objetivos y conductas, o conocimiento de sí mismos, ya para los de más talla.  Como  guía, solo es eso: una ayuda para que cada cual, a su medida, y de acuerdo a sus posibilidades, pueda conseguir su objetivo. Su lectura es amena y clara, y en caso de jóvenes “demasiado jóvenes”, sus mismos padres pueden aclararles los conceptos más difíciles y organizarles, incluso, sus tareas diarias o semanales en el objetivo que se supone les gusta : la Música.

   Sé que no es un artículo de lectura general, pero a quién lo  lea, no debe dejarle indiferente, ya que muchos objetivos y conductas que menciono, forman parte de nuestro vivir diario, pues para la disciplina, el esfuerzo, planteamientos, observarse, o preguntarse cosas uno mismo,  da igual que seas músico o no.

   Como añadido, ruego a quien haga uso de este trabajo para cualquier actividad relacionada, con los objetivos que  la guía persigue,  mencione la procedencia del mismo.

   Gracias otra vez.

     REFLEXIONES SOBRE EL ESTUDIO PARA JOVENES INSTRUMENTISTAS  

Cuando se comienza con el estudio de cualquier materia, y en este caso concreto, con la música y una especialidad instrumental, de estudio voluntario, que se estudia por afición, bien influenciado por los amigos o por el ambiente social o familiar, etc., todo parece muy bonito: un nuevo ambiente, actividad novedosa y un mundo especial (la música y los sentimientos que produce),  forman un conjunto atrayente, que nos provoca ilusión y ganas de “descubrir” lo desconocido, que queremos saber pronto, y tocar o hacer “sonar” cuanto antes, los sonidos y melodías de una pieza conocida y demostrar a nuestros conocidos o a nosotros mismos,  los avances y conocimiento de nuestra afición. Hasta ahí, todo está bien.  Muy bien. Perfecto.

Hagámonos unas pequeñas preguntas: ¿todos podemos hacer lo mismo?, ¿tenemos las mismas cualidades físicas, intelectuales, etc.?, ¿nuestro entorno familiar o social, es el adecuado?. Debemos analizar, aunque de forma muy básica, los aspectos que nos sean necesarios, y que se pueden considerar como importantes, no solo en el estudio de la música, sino en cualquier otra actividad que queramos emprender, pues de ello depende, en gran manera, el éxito buscado. Es preciso tener las ideas claras de lo qué se quiere, por qué se quiere, y como se tiene que hacer. Sin estos requisitos, es muy difícil tener éxito en lo que se estudia. Muchos comienzos de los estudios y el posterior desarrollo de éstos, no logran los resultados propuestos, por enfocar los estudios como una pura rutina, como una “obligación” diaria que hay que cumplir pero sin tener en cuenta el planteamiento o ideas  a aplicar a nuestras posibilidades o limitaciones, provocando así unos problemas, que solo los más dotados por la naturaleza superan (a veces no debido a sus esfuerzos “precisamente”, sino a ésa naturaleza). Así pues, pasemos a analizar algunos aspectos básicos.

CONDICIONES BÁSICAS.  Es evidente que todas las personas no son iguales, ni por fuera ni por dentro. Unos son bajos y otros altos, unos corpulentos y otros delgados. Hay personas interesadas en su trabajo, y otras “no tanto”, y hay quien se emociona ante un pobre animal herido o abandonado, y otros no le hacen ni caso. Así pues, la parte interna y externa de las personas no es la misma, y cada uno actúa según su forma de ser, sus conceptos o sus sentimientos. Estas diferencias, nos llevan a la necesidad de analizar estas condiciones y sacar el máximo provecho de ellas. No se trata de realizar un estudio médico o psicológico, (a veces, a todos nos convendría un poco de lo segundo), pero sí resaltar lo que aparece realmente en el trabajo diario y duro. Empecemos pues con ellas.

Respecto  a las condiciones físicas  (y descartando cualquier patología), cada uno debe conocer sus propias condiciones de adaptación y resistencia en cuanto a la respiración y el modo de emplearla, de una forma natural, sin crispaciones, pero con control sobre el acto de la respiración y la relajación muscular necesaria (ambos bien conjuntados) para su correcta aplicación. Para su control y mejoramiento, se deben practicar los ejercicios que a cada uno le recomiende su profesor, con conciencia de lo que se hace, y atención en los procesos que intervienen en ello.

De la misma manera, también se trabajaran ejercicios recomendados por el profesor, para trabajar la musculatura de la embocadura (músculos de la cara y boca), que nos permiten reír, silbar, hablar,……..¡además de tocar el instrumento!. Su resistencia y flexibilidad nos permitirán, (junto a un soplo correcto del aire) tocar con facilidad.

En cuanto a condiciones intelectuales y morales, con las primeras, debemos ser capaces de conocer qué es lo que vamos a trabajar en el estudio de las materias correspondientes; saber realizar un pequeño análisis de los problemas que nos encontremos en el estudio, y aplicar correctamente, los resultados de ése análisis a nuestros estudios o ejercicios correspondientes. Con las segundas, podemos citar la voluntad, la disciplina, etc., pero yo resaltaría la honestidad y honradez con uno mismo.  Muchos de los problemas (falta de estudio, mal planteamiento del trabajo, etc.) son debidos a no aplicarse estas dos palabras. Resulta muy fácil decir: “no he podido estudiar”, o,  “en casa me salía mejor”, pero en realidad no se engaña al profesor, sino que se engaña uno mismo, perdiendo un tiempo precioso, que cuando pasa ya no vuelve.

Por condiciones socio-ambientales , me refiero a la familia, amistades, etc., y  se debe intentar en lo posible que existan éstas. Sirva como ejemplo, que al plantar un árbol, este necesita de unos cuidados, como agua, tierra adecuada, abonos, clima, etc. De no existir éstas, o no procurárselas, el árbol crece mal o muere. Una familia que cree esas condiciones, con asistencia a conciertos o audiciones, que ayude en la planificación y cumplimiento de horarios, que cree hábitos de estudio, contacte con los profesores, etc., es decisiva. Todo lo contrario, el “árbol” morirá.

Quiero resaltar, que a ciertas edades, nuestros hijos  no están lo suficientemente maduros para realizar por sí solos esta disciplina, y la ayuda de los padres, es fundamental en estas circunstancias.

Otra parte, son las amistades y amigos. Si éstos están en el mismo ambiente, será más fácil para el joven estudiante, pues el contacto con ellos y nuevos compañeros, siempre es beneficioso. Pero cuando los amigos personales se van de excursión, al cine, discoteca, etc.,  y  “yo”…, me tengo que quedar en casa a estudiar, ¿eso……….?resulta bastante duro. No es que haya que pasar de los amigos y las amistades, pero sí debe ser uno capaz  de poder distinguir, cuando y cuanto,  para cumplir sus deberes; de ahí, que la voluntad y disciplina, que hemos mencionado antes, sean verdaderos y  no  puro pasatiempo.

Bien, después de dar un pequeño repaso a “pequeñas circunstancias”, no es que con esto esté conseguido todo: “he leído las condiciones, he entendido, se lo que quiere decir, etc. etc. etc.”, vale,  ¿pero………..? Ahora viene lo más difícil: la rutina diaria y el trabajo duro (pensad en la bicicleta, -aunque hoy en día todos tenéis moto o coche-,…. si no pedaleas,…. no va), que os llevaran a conseguir ése hábito de estudio, y posiblemente, al logro de vuestra ilusión, así que…..pongamos en marcha esa fuerza de voluntad, ganas y amor propio que todos tenemos, y  ¡MANOS A LA OBRA¡.

      EL ESTUDIO.-  

  Siguiendo la “partitura” de estas reflexiones, en este apartado, trataremos de encontrar las mejores condiciones posibles para el estudio, tanto en lo que concierne al lugar, como al horario y condición física.

El lugar, suele ser lo más complicado para casi todos los instrumentos, debido a que su volumen sonoro, “molesta” a todos los habitantes de la casa y vecinos. Lo ideal, sería disponer de una habitación adecuada para este fin, donde la insonorización, haya sido estudiada y probada para estudiar sin molestar a nadie, y que nosotros mismos, podamos apreciar las calidades exactas de emisión, sonoridad, etc., sin que aparezcan resonancias ni reverberaciones indeseadas. Esto, como hemos dicho, sería lo ideal pero por desgracia, no todos podemos tener esas condiciones, así que tratemos de suplirlas.

Un lugar adecuado, podría ser la propia habitación, donde estamos aislados de los demás. El mobiliario (camas, armarios, moquetas, cortinas, etc.), puede absorber de alguna manera la sonoridad excesiva. Al mismo tiempo, se puede probar con paneles de corcho, de madera, etc., en distintos sitios, hasta alcanzar una sonoridad en que la molestia al exterior quede amortiguada y el nivel de percepción en el interior, sea lo suficiente claro al oído. No será perfecto, pero puede servir.

En cuanto al horario, no es muy difícil confeccionarse un plan de estudios, refiriéndonos a qué horas son ideales para ello: mañana, tarde o noche. Este horario, también depende de la edad del alumno y de que estudios compagina. Es obvio, que los alumnos de grado elemental, medio o superior, tendrán un horario escolar diferente, pero todos deberán confeccionarse el horario con un objetivo común: aprovechar el tiempo al máximo, ya que las actividades de cualquier alumno de hoy en día son múltiples.

Los alumnos que asisten a clase mañana y tarde, podrían estudiar en dos sesiones: una por la mañana después de salir del colegio, de corta duración, en la que pueden trabajar ejercicios de respiración, emisión, flexibilidad, etc. La otra por la tarde, donde se puede estudiar el resto de materias, como ejercicios técnicos, melodías, pequeñas obras, etc. El objetivo es “trabajar” un poco cada materia. Los alumnos que asisten a clase en jornada única, pueden realizar las dos sesiones juntas con  pequeños descansos intercalados. El tiempo de estudio dependerá del nivel y materias que tengan que trabajar, pero debe oscilar entre una hora diaria para los principiantes y hasta dos o tres para los más avanzados.

Hoy, la mayoría de jóvenes tienen otras obligaciones, como repaso de clases, deporte, u otras actividades, pero si uno quiere y se lo propone, encuentra tiempo para todo. Quiero citar una frase del popular José Luis Coll (de la pareja de humoristas Tip y Coll) en una entrevista realizada con motivo de la publicación de un diccionario –Diccionario de Coll-), en la que se le preguntaba de donde sacaba el tiempo para tantas cosas (cine, teatro, televisión, etc.), y él respondió: “el día es muy largo, pues tiene veinticuatro horas. Si quieres comprobarlo, siéntate en una silla sin hacer nada todo el tiempo, y verás que largo es”.

Un pequeño consejo: las enseñanzas teóricas, memorizar textos, escritos, e incluso, los deberes, se pueden hacer por la noche. Es cierto que uno está más cansado, pero también es cierto que se puede relajar y estar tranquilo, sin molestar ni que le molesten. Mucha gente, como escritores, abogados, estudiantes, etc., prefieren estas horas para preparar o estudiar sus trabajos. A los más jóvenes, los pueden orientar sus padres.

El que no pueda abarcar tantas cosas, (a veces los padres nos empeñamos en tener ocupados a nuestros hijos todo el día), que elimine alguna y se quede con lo que más le guste. Esto define muy bien los gustos y preferencias de la persona y su verdadera afición o vocación.

En cuanto a la condición física, con el estrés de la vida actual, es casi imposible encontrar una persona que estudie o trabaje, que no esté afectada por esa condición de la vida moderna, pero también es verdad, que si uno se lo propone, en algún momento del día, y  por medio de sencillos ejercicios de relajación,  conciencia en la respiración  (lenta y profunda), estirar y tonificar los músculos, etc. y siempre que las prisas, no estén metidas por el medio, se puede lograr ese equilibrio en el que nuestro cuerpo esté preparado para el estudio o trabajo.

No cabe duda de que es más fácil explicarlo que realizarlo, pero aún es más cierto, que si no se intenta, no se consigue.

PLANTEAMIENTO Y DESARROLLO DEL ESTUDIO.-

Este punto, nos introduce directamente en la puesta en práctica de todas cuantas teorías nos hayan explicado, y que por nosotros mismos, vamos a desarrollar ahora. En primer lugar, hay que tomar conciencia de lo que vamos a realizar, y es evidente, que debemos saber qué vamos a realizar, como lo hacemos, y para qué lo hacemos.

Sería conveniente pues, programarse una serie de objetivos a realizar durante el estudio y analizar cada uno de éstos y su contenido, de forma que al desarrollarlos, tengamos claro lo verdaderamente importante de cada uno, para que sirven, y no desviarnos de su cometido principal. Así evitaremos resultados indeseados. Quede claro pues, que el objetivo principal del estudio, es el aprovechamiento del tiempo empleado y trabajar lo esencial y no lo superfluo.

Un plan de trabajo, debería contener, al menos,  y  en el mismo  orden, los siguientes apartados: tiempo, concentración, calentamiento, ejercicios técnicos, melódicos, y los más personales, como el autoexamen y la perseverancia.

Tiempo.- Un trabajo serio, debe disponer de unos mínimos de tiempo para llegar a obtener resultados. Asimilar conceptos prácticos, no es cuestión de tocar un rato de vez en cuando. Hay que trabajar a diario, y un tiempo lo suficientemente amplio, que  permita entender y asimilar -otra vez- las explicaciones del profesor. Pensad si solo os alimentarais los fines de semana: es malo para el cuerpo y la salud, así que estudiar poco, es malo para el estudio.

Concentración.- Durante el transcurso del estudio, nos vemos interrumpidos bien por personas, por ruidos, y con toda seguridad, por nuestro pensamiento, que está donde no debe estar y cualquier motivo nos sirve para distraernos. La concentración debe ser absoluta. El estudio en un lugar tranquilo, sin personas ni ruidos que nos molesten y con el pensamiento libre de otras ideas que no sean las del propio estudio, son condiciones indispensables para el buen resultado del trabajo.

Calentamiento.- Unos ejercicios de soplo suaves, con notas tenidas, flexibilidad, emisión y registros no demasiado extremos, nos pondrán a punto para proseguir el estudio. Es como el calentamiento del deportista antes del partido o la carrera.

Ejercicios técnicos.- Aspectos como la emisión, el ligado, escalas, arpegios, etc., son lo que podríamos llamar el “dominio” del instrumento, y nos van a ofrecer las posibilidades técnicas necesarias para ello; por lo tanto, el estudio de la técnica (a menudo bastante aburrido para muchos alumnos) debe ser el objetivo primordial en cada sesión de trabajo.

Ejercicios melódicos.- Estos estudios, son los que nos van a permitir demostrar los conocimientos adquiridos. Aquí, ya no se trata de un simple ejercicio de picado o ligado, sino de la exposición de una “pequeña obra”, en la cual, los conocimientos del fraseo, el estilo o de una concepción armónica, deben empezar a desarrollarse.

Autoexamen.- Una vez terminado el estudio, es conveniente analizar los resultados de éste. El trabajo sobre un estudio de cierta dificultad, el fraseo, afinación, digitaciones, o problemas de índole técnico, como la embocadura, respiración inadecuada, sonido, etc., en fin, todos los problemas que aparezcan a lo largo de la sesión de estudio, deben ser tenidos en cuenta para corregir en la próxima sesión. Pensad que el contacto con el profesor, es una vez a la semana y en clase. ¿Quién es vuestro profesor en casa el resto de la semana?…….Vosotros.

Perseverancia (insistir en algo).- Este último punto, es uno de los más interesantes para el alumno. Todas las personas no son iguales, no tienen las mismas condiciones, y junto a los que no tienen problemas en entender y realizar las explicaciones (por tener unas condiciones altas), también están los que les cuesta más el poder realizarlas. A veces, el desaliento o el aburrimiento, aparecen demasiado pronto y pueden conducir al fracaso. Es por lo tanto muy importante, tener el suficiente tesón y  constancia en el trabajo, para estar seguros de que el no avanzar, corresponde a esa falta de cualidades, y no a otras causas de las que aquí hemos expuesto, como el tiempo insuficiente, la concentración y el autoexamen.

    AUTOEXAMEN.-

Después de lo anterior, ahora, y una vez realizado el estudio del día, es necesario, que el alumno, para asentar las ideas de ese estudio, dedique un tiempo a su propio autoexamen,  que por unos momentos, sea su propio profesor y sepa reconocer sus aciertos y sus errores. De esta manera, avanzará más en su educación y podrá darse cuenta de los problemas que se le plantean en cuanto a la interpretación de las diferentes técnicas y estudios.

Esta forma de conducta, constituye el objetivo final del proceso didáctico, en el cual, el propio alumno –iniciado por su profesor durante las clases- debe ir siendo capaz, en la medida de sus posibilidades, de corregir errores, buscar el porqué de ellos, y llegar a tener su propio criterio técnico e interpretativo.

Cada estudio o técnica, tiene unas características propias, y son esas características, las que debemos buscar. Practicar “ésa” técnica, y no fijarse en los procesos necesarios y bien ejecutados, es lo que nos hace “tocar” sin sentido, que no es lo mismo que estudiar.

También hay que tener en cuenta, que cada día de estudio o de clase, no debe ser un acto rutinario o aislado, sino que debe ser la continuidad de un proceso unido entre sí, en el que los errores o dudas de un día, sean tenidos en cuenta en la próxima sesión o clase, y corregidos o subsanados. Así pues, este debe ser un  objetivo primordial.

Hay que decir, que en los alumnos de temprana edad, en que la inteligencia y nivel de asimilación, están en vías de desarrollo, la consulta y guía del profesor, es aún más necesaria para evitar posibles defectos, por lo tanto, los alumnos, no deben dejar pasar nunca, la oportunidad de preguntar todo lo que les sea necesario, por insignificante que parezca. Como hemos dicho antes, el contacto con el profesor es de una vez a la semana, con lo que a lo largo del curso, ese contacto es limitado, así que pensad en la importancia de lo que hemos expuesto.

LA PALABRA ESTUDIO.-normalmente! )

Normalmente, a los instrumentistas, la palabra estudiar, se nos representa como el “acto de tocar” una serie de ejercicios o estudios, en los cuales y en su consecución, vemos realizados nuestros esfuerzos. “Normalmente”, solemos prestar poca atención a la forma que hemos desarrollado ese estudio. También “normalmente”, dedicamos poca atención a analizar esos resultados obtenidos en cuanto a su planteamiento y desarrollo, y por último, cuando se hace alguna observación al alumno, “normalmente” se extraña de la facilidad (“…no me he dado cuenta…”) con que se le ha escapado algún aspecto y lo poco que lo ha tenido en cuenta. Esto es debido a la rutina con la que se enfoca el trabajo diario, pensando que, “la obligación” es estudiar, “tocar” los ejercicios, pero si a estudiar, le añadimos “investigar” podremos mejorar ese estudio. Investigar, (recoger y analizar datos de un problema para encontrar una solución) significa, aplicado a la música, analizar cada uno de los aspectos, tanto teóricos como técnicos, que intervienen en una sesión de trabajo, bien sea la preparación de los temas, grados de dificultad, duración del o de los ejercicios, atención a los procesos de ejecución con el instrumento, así como conocerse ,”mirar dentro de uno mismo”, “sentir interiormente”  lo que tocas y  como tocas, y si “tu cuerpo responde” a lo que le pides en el acto de tocar (estos párrafos son difíciles, no estamos acostumbrados,  pero tienen su importancia).

Este factor, como hemos dicho, es muy importante, pues aparte de que nos sirve en cualquier faceta del estudio, tanto musical, como escolar, el saber reconocer, razonar y resolver las dudas que tengamos en los estudios, en nuestro trabajo, y porqué no……..en nuestra vida privada, no cabe duda de que es tener una gran ventaja, sobre cualquier individuo que no practique este aspecto.

Es cierto que muchas personas obran intuitivamente, por instinto, y que logran resultados muy buenos, pero es debido a unas grandes condiciones y con el mínimo esfuerzo consiguen más resultados que otros, pero también es cierto, que entre personas de un mismo nivel, las que tienen la norma de prepararse el estudio bien razonado, logran los resultados buscados antes que otros que no lo hacen. En cierta manera, esa disciplina en el trabajo,  crea unos hábitos tan beneficiosos, como las cualidades naturales, ya que la cualidad de la disciplina es sumamente apreciada y beneficiosa en todos los aspectos de la vida.

El hábito de estudiar, puede resultar duro al principio, pero una vez conseguido,  ya no se olvida y es el vehículo para la relajación y seguridad en la expresión musical, objetivo final del músico.

PEQUEÑAS CITAS (y final, ya era hora).-

Como final de estos artículos, os expongo unos pequeños pensamientos o citas, que cada cual puede aplicarse, según su forma de ser y entender las cosas. Están basados en  experiencias, pues al fin y al cabo, se aprende de los errores y los aciertos, aunque hay que reconocer que el hombre, es el único animal que tropieza una, dos, tres, y las veces que haga falta con la misma piedra.

Muchas veces, al estudiante le suena como raro algún comentario del profesor, como si pensara….¿qué me dice el profe?…., pero no le quepa duda (pensad que en un grupo de diez personas, pueden haber diez opiniones diferentes), que es su propia experiencia la que os habla, pues ya lo ha pasado antes y por lo tanto sabe lo que dice. En la antigua Grecia,  las casas nobles tenían  maestros para sus hijos. Eran las personas mayores y ancianas, los pedagogos (del griego “paido-gogos” que significa ayo o preceptor), los que ya habían vivido y pasado por la “escuela de la experiencia”, así que no os suene a raro, y aplicaros los consejos, cada uno a su conveniencia o saber. He aquí algunos de ellos:

“Aunque os parezca que está bien, volved a intentarlo. Es algo duro, pero efectivo, sobre todo a los poco constantes y poco trabajadores”.

“No esperéis que después de leer todo esto, se produzca un milagro o aparezca un remedio para todo. Si no hay trabajo bien hecho, no hay resultados, y hay que ser muy exigentes con él y con uno mismo”.

“El trabajo se debe hacer a diario y sin excusas. Se trata de que nuestro cuerpo se habitúe a él de la misma forma que a comer o a dormir”.

”El estudio no es como una hucha, donde metes cien euros y dentro de un mes los puedes utilizar. Si no se estudia cada día y el tiempo suficiente, es tirar el “dinero” ya que el estudio no se puede acumular de una vez y utilizarlo cuando queramos o tengamos ganas”.

“Durante el estudio, concedeos pequeños descansos. Vuestro cuerpo y vuestra mente os lo agradecerán”. (Pequeños pero no demasiados).

“Dedicad un tiempo a lo que no sale bien. Es una pérdida de tiempo tocar lo fácil y bonito porque suena bien, y no estudiar un ejercicio correctamente, porque resulta aburrido o difícil. Esta es una gran equivocación”.

“Lo que suena por el instrumento, es un fiel reflejo de lo que vosotros hacéis. Si lo hacéis bien, sonará bien. Si lo hacéis mal, sonara mal. El instrumento no tiene vida propia ni sentimientos; es un trozo de metal y,  la vida y los sentimientos, los tenéis que poner vosotros”.

. Había otra frase, pero esta me gusta más: “el que algo quiere, algo le cuesta”. No hay nada gratis (…..igual me he equivocado: hoy hay muchas cosas gratis).

Espero haber sido útil.

Gracias otra vez

                                                                                                                              

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